sábado, 23 de agosto de 2008

Las Mascotas de Hercules


El avistamiento de Cetáceos en el Estrecho de Gibraltar es de una belleza, abundancia y exuberancia incomparables.
Nuestra actividad se basa en la localización y avistamiento de las principales especies residentes de cetáceos: delfín común, delfín listado, delfín mular y calderón común. Con un 97% de éxito salimos al mar al encuentro cotidiano con estos animales. Resulta una experiencia inolvidable verlos haciendo juegos de socialización con el barco, acrobacias y saltos. Se acercan y rodean los barcos en actitud curiosa y confiada, y también surcan las proas, acompañándonos en el paseo.
Las orcas también están presentes en el Estrecho de Gibraltar en la época de verano, cuando el atún rojo, su principal alimento, regresa del Mediterráneo de desovar. Se produce un gran espectáculo cuando los pescadores del atún defienden sus capturas de estos depredadores tan especializados.
Con mucha frecuencia encontramos también cachalotes, grandes animales de hasta 18 metros de largo que, con su chorro oblicuo y su inmensa cola sorprenden al más incrédulo. La espectacularidad de este animal es sólo comparable al avistamiento de rorcuales, ballenas de 22 metros que cruzan el Estrecho desde el Mar Mediterráneo al Océano Atlántico y viceversa.
Los barcos de avistamiento de cetáceos procuran a los participantes la experiencia inolvidable más impresionante de la naturaleza en mar abierto que se pueda uno imaginar.
Nuestro principal objetivo, como Organización de Avistamiento de Cetáceos, es proteger a los Cetáceos, conservar el recurso y garantizar la sostenibilidad mediante actividades de educación y divulgación, así como de regulación del medio marino. La responsabilidad que supone trabajar con las ballenas y delfines en el siglo XXI ha de ser definida y acotada por las regulaciones ya aprobadas o en curso, como es el actual Real Decreto de Protección de los Cetáceos, entrado en vigor en enero del presente año. Esto significa un gran avance y un código de conducta fruto de un largo proceso de gestiones con varios gobiernos.
Es increíble en 2 horas poder mostrar a la humanidad tal variedad de especies, conviviendo con el tráfico marítimo de 300 buques diarios. Este Patrimonio de la Humanidad (reserva de la biosfera) para la UNESCO fue descubierto como actividad turístico educativa, de gran interés científico, y clave para el desarrollo de las poblaciones costeras.
Cuando salí al mar y observé la primera orca de mi vida, acechando a los pescadores españoles y marroquíes del atún rojo, en medio del canal de navegación, inmediatamente lo vi claro. Whale Watch España tenía razón al proponerse, como asociación sin ánimo de lucro, la finalidad de proteger y avistar ballenas en el Estrecho de Gibraltar. Salíamos desde Tarifa los días que no había levante, a localizar y avistar a aquellos fantásticos animales, acompañados de periodistas y turistas amantes del mar y sus habitantes.
La actividad nació en la Alameda de Tarifa, el Café Continental nos permitió mostrar las fotos de las orcas, cachalotes, delfines, atunes, barcos y pescadores y… allí empezó todo.
Una tarde de 1998, escucho: - ¡¡Lourdes, Lourdes, que hay una ballena en la playa!! ¡¡Corre, Corre!! - gritaban los niños de Tarifa. -Hay un señor con un barco naranja que le da vueltas, y la ballena no le hace caso-.
Corrí hasta la Playa Chica desatendiendo la “Mesa del Conti” y… allí estaba: el calderón (o ballena piloto) de 1.80 metros, que en medio de la levantera había aparecido desorientado, muy cerca del acantilado este de la Isla de las Palomas.
Con los niños me metí en el agua, pretendíamos que nos siguiera, pero nada, ni caso. Quizá por miedo, o tal vez por instinto, empecé a silbarle y comenzó a seguirme. Entonaba cancioncillas dulces y me seguía, iba detrás de mí tan cerca de la orilla, que daba miedo no se fuera a varar, era más obediente que mi perro el “Chico”.
Atardecía y empezaron a llegar las fuerzas vivas, los curiosos, los que no tenían nada que hacer, las familias expectantes, y una nueva especie que se empezaba a conocer en Tarifa por entonces, los biólogos. Proliferación de biólogos, los del CREMA, los de Circe, los de Firmm…….muchos biólogos, y aún más voluntarios medioambientales. Montamos tiendas para la noche dado que la niebla no nos permitía ver más allá de la Isla, ni más acá del espigón del Santo. La noche del rescate del “Chato” que así se le puso de nombre al animal gracias a un almadrabero, fue una gozada…Todo el pueblo de Tarifa en la playa, expectante con el tema de la ballena viva.
Amanecíamos en la playa casi todo el pueblo y la niebla no nos permitía tomar decisiones y vislumbrar la ayuda que podíamos prestar al “Chato”. El sol salió y la niebla se disipó. Un barco salió a buscar ballenas piloto al Estrecho, mientras Manolo Fernández, perteneciente a esa especie mencionada de nuevo cuño en Tarifa, ordenó los recursos para el rescate del animal.
Me dirigí a él y le dije: - yo quiero entrar al agua a ayudar a este animal -.
- Pues ponte este traje de neopreno y prepárate- Fue su inmediata respuesta.
Nos metimos 4 ó 5 personas y el animal se alejaba según nos veía avanzar, tendía a volver hacia la Isla de las Palomas donde había arribado el día anterior con la levantera. Me salió del alma silbarle y cantarle las mismas canciones y sonidos con las que la tarde anterior me había seguido, y sin acorralamientos ni presiones el animal venía hacia mí. Yo pensé que el animal le daría vueltas y vueltas al circulo de red sujetado por 8 ó 10 personas metidas en el agua buscando escapar, pero no, se acercaba a mí, se mecía en mis canciones y aceptaba mis caricias y cuando no se las hacía, me empujaba la cintura con su cabeza de globo como pidiendo más.
Finalmente José Mari llegó pilotando una semirrígida y entre todos embarcamos al Chato, le cubrimos con una toalla húmeda y se lo llevaron. Hasta ese momento todo había sido un espectáculo público…Nos contaron cómo habían soltado el animal en el mar, cómo habían reaccionado los machos adultos, en principio separándose de él y observándolo y para luego rodearle y llevárselo con ellos.
Esta es mi gran anécdota y la que me ha marcado en mi carrera de protección de los delfines y ballenas en el Estrecho. Y cada día que salgo al mar, ellos me siguen sorprendiendo y brindando esa alegría interior que me llena y me da fuerzas para continuar luchando, muchas veces con grandes obstáculos, en la protección de estos maravillosos animales y de su medio natural.


Lourdes Isasa López
Presidenta de Whale Watch España

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